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Sociedad

Rosario: la primera ciudad en reglamentar la prostitución

Autor: Estefania Ferrando
Fecha de publicación: 7 septiembre, 2021

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, pocas ciudades en el mundo crecieron a la manera en la que lo hizo Rosario. Ubicada en la zona norte de Argentina, a orillas del Río Paraná, como frontera natural con Brasil, la ciudad rosarina pasó en apellas veinte años de tener 50.000 habitantes a cerca de 200.000, duplicando de nuevo esa cifra en un par de décadas más. A 300 kilómetros de Buenos Aires, la eterna capital argentina, Rosario se consolidaba como uno de los principales puertos de la región, precisamente gracias a todo lo que llegaba (o salía) a través del río Paraná. El comercio portuario se intensificó en aquella época entre siglos, y con ello llegaron nuevas oportunidades de negocio, aumento de la población, gran flujo de inmigrantes que buscaban una nueva oportunidad en Argentina… La prostitución no fue ajena a este crecimiento y, de hecho, estuvo reglamentada durante varias décadas.

Y es que el comercio hizo crecer tan rápidamente a Rosario que las autoridades parecían tener solo tiempo para tratar los temas más importantes. Además, se entendía que “el comercio de la carne” era igualmente necesario en una ciudad portuaria como esta. De ahí que no se viera con malos ojos la legalización, aunque fuera en parte, de este negocio, con la apertura de diferentes prostíbulos en zonas muy concretas de la ciudad. Rosario se convirtió en el epicentro de este floreciente sector en Argentina, a veces incluso por encima de la propia Buenos Aires, ya que era ciudad de paso para muchos marinos y mercantes, que entraban en la ciudad por el Paraná ávidas de emociones sexuales. La época en la que la prostitución estuvo reglamentada en la ciudad se pudo comprobar cómo este sector crecía al abrigo de esas leyes, de una forma más o menos ordenada. Sin embargo, no faltaron polémicas, batidas, grupos de proxenetas que se hacían con el control de algunas zonas…

El sector del sexo en Argentina

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Para finales del siglo XIX, ya medio siglo después de su independencia, Argentina destacaba notablemente entre las naciones de Sudamérica, convirtiéndose en uno de los países más poderosos e importantes de la zona. Todo ello gracias a su extensión, sus exportaciones y su industrialización, muy superior al de otras naciones vecinas. El florecimiento de todo ese comercio y esos negocios atrajo a muchos inmigrantes, mano de obra para las fábricas y talleres, pero también mujeres que ofrecían sus servicios sexuales por dinero. La inmensa mayoría de las prostitutas de la nación en aquella época eran extranjeras, llegadas desde Brasil, Paraguay o incluso Europa. El sector del sexo, todavía en la sombra, crecía a la par que el resto de negocios dentro de Argentina. Hasta que en 1874, Rosario se convierte en la primera ciudad del país en reglamentar de alguna forma la prostitución.

1874: en Rosario se reglamenta la prostitución

Para llegar a este punto tuvieron que converger dos vías igualmente importantes. La primera, el crecimiento demográfico en la ciudad, que comenzó en la segunda mitad del siglo XIX y fue absolutamente imparable hasta casi los años 40. Esto atrajo mucho negocio, mucha inmigración y por tanto, también mucha demanda de mujeres que podían ofrecer sus servicios sexuales. Por otra parte, la mirada más permisiva y laxa de las autoridades argentinas en cuanto a la prostitución, permitió que en la ciudad de Rosario se llevase a cabo la primera reglamentación para este negocio, con el fin no tanto de mejorar las condiciones de las chicas, sino de controlarlo. Es algo habitual, y es que en muchas ocasiones, reglamentar no significa legalizar ni mejorar.

Gracias sobre todo a su actividad portuaria, Rosario se había convertido en una ciudad tremendamente próspera, y eso atrajo a todo tipo de trabajadores. Muchas mujeres llegaban por su cuenta a la ciudad, pero otras tantas eran traídas por las propias bandas de proxenetas, muchos de ellos judíos. La gobernanza llevó a cabo distintas reformas de esa reglamentación con el paso de los años, adaptándose a cada momento y también haciendo caso a las peticiones de los vecinos, que no veían con buenos ojos el compartir muchas zonas de sus barrios con las prostitutas. Como suele ocurrir en estos casos, finalmente se redujo este sector a ciertas zonas en la ciudad, permitiendo la ubicación de burdeles solo en esos lugares concretos, muy cerca de fábricas, talleres o el propio puerto, donde más demanda de mujeres había.

Qué conllevó para las acompañantes

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En los últimos años se están llevando a cabo numerosos estudios que intentan concretar de manera fehaciente todo lo que esta reglamentación supuso para las acompañantes sexuales en la época. Eran muchas las que trabajaban sin ningún tipo de seguro ni condición de salubridad en Rosario, solo para ganarse la vida. De hecho, la sociedad las consideraba un foco de males sociales y enfermedades venéreas. La reglamentación permitió al menos el florecimiento de los burdeles, donde las chicas solían estar más seguras que en la calle. De hecho, en algunas zonas se ubicaron casas de citas de alto standing, donde una noche con una chica costaba casi lo mismo que comprar una casa en la ciudad. Sin embargo, el negocio seguía en mano de las mafias y los proxenetas, y  aunque las condiciones de las chicas mejoraron, ese beneficio no se tradujo en un verdadero cambio sustancial para ellas.

Las prostitución en Rosario actualmente

En la década de los años 30, tras la grave crisis bursátil de finales de la décadas anterior, el comercio comenzó a resentirse, lo cual se tradujo en una disminución de la carga de trabajo, en todos los sectores. Rosario parecía haber llegado ya a su punto álgido en cuanto a crecimiento, sobrepasando las 400.000 personas, y aquella crisis hizo desaparecer muchas fábricas y alimentaban, en última instancia, también al de la prostitución. Se cerraron burdeles, muchas chicas se fueron a otras ciudades (Buenos Aires, sin ir más lejos, acogió a muchas de ellas), y aquel aura de crecimiento infinito se desvaneció. Además, las ideas abolicionistas con respecto a la prostitución se fueron expandiendo por todo el país, y terminaron por conseguir que Rosario aboliese su reglamentación previa, para prohibir expresamente este negocio.

Con el paso de los años, la situación de la prostitución en Rosario, como en toda Argentina, ha ido cambiado. En 2003 se despenalizó este sector gracias a una nueva ley, aludiendo siempre a la realización de servicios de forma voluntaria, es decir, persiguiendo la explotación sexual. Buenos Aires, convertida en capital indiscutible de la economía de la nación, recuperó su brío en este sector, no tanto así Rosario, que a pesar de seguir siendo considerada como “la ciudad de los burdeles”, no ha visto crecer tanto el sector desde esa despenalización. Además, las propias prostitutas están todavía tratando de hacerse valer como trabajadoras, con las mismas garantías que cualquiera otro profesional. La situación ha empeorado bastante con la pandemia del Covid, por motivos obvios, y hoy por hoy, las prostitutas rosarinas buscan una alternativa para salir adelante en un mundo cada vez más complejo.